HAITI

  

Descomposición y agonía de la dictadura haitiana

By Norman Gall
    

Politica, Caracas - Venezuela, August 1967 

El pequeño y tranquilo reinado gangsteril del Dr. François “Papá Doc” Duvalier, autoproclamado Presidente Vitalicio de Haití, se ha visto agitado en las últimas semanas por una importante purga política. Esta ha sido la “limpieza” más sangrienta ejecutada por el anciano de aspecto frágil y misterioso desde que asumió el poder hace diez años. Por primera vez Duvalier ha asesinado, aprisionado o aterrorizado hasta el punto de hacer recurrir al asilo diplomático, no a miembros de la “oposición” interna que durante tanto tiempo se ha mantenido tranquila, sino a varios de sus más íntimos asociados en el poder. Desde la mole blanca del Palacio Nacional continúan emanando noticias acerca de pugnas de poder y sórdidas peleas familiares que, de acuerdo a los opositores, pueden ser el síntoma de una desintegración íntima del régimen.

La lista de las víctimas en los últimos tres meses exige una detenida inspección: han sido fusilados, por lo menos, 45 prisioneros políticos, incluyendo algunos de los más importantes secuaces del dictador. En cinco embajadas latinoamericanas han encontrado asilo otros 107 haitianos, haciendo que Duvalier ordenara a su dócil Congreso, compuesto principalmente de tonton-macontes, que revocara la ratificación hecha por Haití de los tratados interamericanos que garantizan el asilo diplomático. Cientos de personas han sido encarceladas, y muchas otras han huido en pequeños botes hacia las cercanas Islas Bahamas, engrosando el constante flujo de trabajadores migratorios y contrabandistas haitianos que pululan por las islas de las Indias Occidentales en busca de un escape a la miseria desesperada de Haití.

En enero de este año Duvalier telegrafió al comandante del ejército en la ciudad norteña de Cape Haitian para que liquidara a todos los haitianos que regresaban de las Bahamas, puesto que esperaba un intento de descargar un gran contrabando de armas destinadas a la oposición. En esa misma época un grupo de pescadores sospechosos de participar en el tráfico de las Bahamas, fueron ejecutados por orden de Pierre “Pelota” Giordani, notorio asesino de origen corso que era Diputado al Congreso y jefe de las bandas de tonton-macoutes en el Norte (los tonton-macoutes son una organización paramilitar de bandoleros que constituyen la base política del régimen). Más tarde, Giordani mismo solicitó y obtuvo asilo en la Embajada de Panamá.

Acerca de la defección de “Pelota” declaró un alto líder de los tonton-macoutes: “Duvalier hizo mucho por él. Dijo a todo el mundo que “Pelota” era como un hijo para él, que podía dormir de noche porque “Pelota” estaba en Cape Haitian. En 1957 Duvalier nombró a “Pelota” Alcalde de Cape Haitian (la segunda ciudad de Haití) y a lo largo de los años le dio un automóvil, una casa y grandes sumas de dinero. “Papá Doc” le dio 10.000 dólares este año para su campaña de reelección al Congreso. El 15 de abril, cumpleaños de Duvalier, cuando explotó una bomba casera durante una celebración ante el Palacio Nacional, “Pelota” hizo una gran demostración para el Jefe en Cape Haitian. Pero un rival le dijo a Duvalier que la gente aplaudía a “Pelota” y no a “Papá Doc”, y que “Pelota” estaba conspirando contra él. Duvalier telegrafió al jefe militar del Norte diciéndole que estaba naciendo un nuevo César en Cape Haitian. “Pelota” corrió hasta la capital para darle explicaciones al Jefe, pero “Papá Doc” lo hizo esperar largo tiempo. Finalmente le rogó al Jefe que fuera a Cape Haitian para constatar que no había ningún complot y que todo el mundo lo adoraba. Los enemigos de “Pelota” lo denunciaron de nuevo como conspirador, puesto que “Papá Doc” no ha abandonado la capital desde 1959 por temor a un atentado contra él. Fue entonces cuando “Pelota” decidió irse a la Embajada de Panamá”.

“Papá Doc” dio su propia explicación de estos acontecimientos el 22 de junio, dirigiéndose a una manifestación de 30.000 personas ante el Palacio Nacional, en su gran mayoría campesinos reunidos y transportados a Port-au-Prince para vitorear en el aniversario de la designación de Duvalier como Presidente vitalicio. “Había otro extranjero tratando de destruir la revolución duvalierista”, anunció en el patois haitiano derivado del francés y de algunas lenguas africanas. “Estos agitadores están tratando de llevarlos a ustedes a un estado peor que aquel en que se encuentran ahora. Ustedes que vienen del interior están en tal mal estado que no tienen forma de darse cuenta de lo miserables que son”. Después de esto, este político tropical extrañamente carismático comenzó a recitar los nombres de 19 oficiales del ejército fusilados el 8 de junio, aparentemente por él mismo. Entre ellos estaban algunos de sus propios guardaespaldas y favoritos en la pretoriana guardia presidencial, acusados como partícipes en lo que fue oficialmente denunciado para matar al “Renovador”. “Yo tengo un brazo de acero que golpea inexorablemente”, dijo “Papá Doc”. “He fusilado a esos oficiales para proteger a la revolución y a quienes la sirven”. Después de recitar cada nombre, “Papá Doc” hacía una pausa teatral para preguntar a la multitud: “¿Y éste dónde está ahora?” La multitud le contestaba, aleccionada: “Ausente”.

La lista de “ausentes” está creciendo. Uno de ellos es el Coronel Jean Tassy, jefe de la policía secreta de Duvalier, que se refugió en la Embajada de Brasil (que actualmente da asilo a 44 personas), después de recibir información de que sería transferido a un pueblito del interior, el primer paso hacia el arresto y la ejecución de algunas dé sus propias víctimas entre los militares (los 19 oficiales fusilados fueron eliminados tan sigilosamente porque primero fueron citados en pequeños grupos al Palacio, ya bien entrada la noche, y “transferidos” de inmediato, bajo custodia, a diversos cuarteles del interior, donde, más tarde, fueron arrestados). Entre los otros asilados diplomáticos se encuentra el Teniente Coronel Ernest Lecomte, segundo jefe de la fuerza aerea haitiana. Durante los 10 años del régimen de Duvalier han sido purgados más de 100 altos oficiales del ejército, reflejando así un esfuerzo persistente para destruir el poder político del ejército haitiano, compuesto de 5.000 hombres muy mal equipados, que es básicamente la misma fuerza policial organizada por los norteamericanos durante la ocupación de los infantes de marina entre 1915 y 1934, y reforzar el poderío gangsteril de los tonton-macoutes. Después de las recientes ejecuciones un alto oficial del ejército declaró: “El ejército no ha recibido su salario en los últimos tres meses y Duvalier está haciendo grandes cambios en los comandos. Ahora, cuando retira a un hombre del ejército lo encarcela y luego lo mata. Hay muchos oficiales que están pensando en el asilo político”. Se ha especulado mucho acerca de la presencia, en el trasfondo de estos acontecimientos, del Coronel Johnny Abbes García, organizador de la policía secreta del difunto dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo y arquitecto de varios de los asesinatos perpetrados por Trujillo en el extranjero. Abbes, un hombre gordo y tranquilo, que había permanecido en Europa la mayor parte del tiempo desde el asesinato de Trujillo en 1961, apareció en Port-au-Prince el año pasado bajo un nombre supuesto, como consultor del gobierno de Haití en asuntos de seguridad, manteniendo frecuentes contactos con varios de los oficiales ejecutados el 8 de junio. En los días en que éstos fueron arrestados desapareció de su casa en Petionville, junto con su esposa, hijos y criada, dejando detrás de él una casa vacía con las luces encendidas durante semanas, bajo guardia constante de los tonton-macoutes. Se cree que están muertos, pero no hay pruebas de ello. Cientos de víctimas de este régimen no han dejado huellas.

La muerte y la defección de muchos de los más importantes secuaces de Duvalier han sido acompañadas por informes persistentes de pugnas e intrigas dentro de la misma familia del dictador. La actual ola de crímenes puede haber sido iniciada por los embarazos, en el año pasado, de las tres hijas solteras de Duvalier. La respuesta indignada de “Papá Doc” a estas noticias probablemente explica el hecho de que entre los 19 oficiales fusilados el 8 de junio estuviera el Capitán Harry Tassy, de la guardia presidencial, y muchos de sus amigos, quienes conocían de las prolongadas relaciones amorosas entre Tassy (uno de los principales guardaespaldas del dictador) y la menor de las hijas de “Papá Doc”, Simone. Tassy resistió fuertes presiones para que se divorciara de su esposa y se casara con Simone antes de que a ésta le fuera provocado un aborto a principios de este año. Poco antes, su compañero de armas, el Coronel Max Dominique, de la guardia presidencial, sucumbió a presiones similares, divorciándose de su esposa para casarse con la mayor de las hijas de Duvalier, Marie Denise (su otra hermana, Nicole, dio a luz recientemente después de 6 meses de matrimonio). Dominique, Marie Denise y Simone partieron para Europa al día siguiente del discurso aniversario de Duvalier. Antes de abandonar Haití, sin embargo, Dominique retiró una fuerte suma de un Banco canadiense para rescatar de la cárcel a algunos de sus familiares que habían sido aprisionados por su suegro (el hermano de Dominique obtuvo asilo, el mes pasado, en la Embajada de México). Después que Max abrazó a su chofer y sus dos guardaespaldas antes de que él y su esposa abordaran el avión que los llevaba a Europa, sus tres compañeros fueron arrestados en el aeropuerto por Duvalier y ejecutados tres días más tarde. Esta crónica terrible de sexo y muerte parece estar muy lejos de su conclusión. En última instancia, las terribles dificultades familiares de “Papá Doc” pueden proporcionar a sus enemigos la satisfacción final para la cual han estado conspirando inútilmente durante 10 años.

Entretanto, la maquinaría sigue funcionando. La “revolución duvalierista”, con su ingrediente mixto de nacionalismo negro, ha “democratizado” la política haitiana, en el sentido de que ahora unos pocos miles de personas tienen acceso más o menos regular al Palacio Nacional (construido por los ingenieros navales norteamericanos durante la ocupación), en vez de los cientos que lo hacían hace algunos años. Con sus tonton-macoutes. Duvalier ha institucionalizado las bandas de guerrilleros mercenarios (cacos) que, antes de ser suprimidas durante la ocupación norteamericana, se levantaban en armas regularmente en las montañas occidentales cercanas a la frontera con la República Dominicana, para marchar sobre Cape Hatitian y Port-au-Prince. Duvalier ha recibido estas fuerzas irregulares de cacos en sus tonton-macoutes y les ha dado empleo estable como policías. Casi todos sus tenientes provienen de las clases bajas, muchos no hablan francés. Su poder ha aumentado constantemente a costa de las instituciones tradicionales: el ejército, la burocracia y la iglesia. En realidad, Haití es un país suficientemente pequeño y atrasado como para ser regido por un solo hombre. Los caminos son imposibles, y las personas privadas tienen absolutamente prohibido operar avionetas y radios de onda corta. Esta prohibición fue extendida a los curas misioneros canadienses, quienes planeaban establecer un programa de alfabetización radial para las parroquias rurales. Como muchos dictadores del Caribe antes que él, “Papá Doc” ha podido gobernar por obra de su extraordinaria astucia y laboriosidad, unidas a un conjunto de prácticas mágicas de circo barato. Este hombre, que antes fuera médico sanitarista rural y “etnólogo”, y que proclama poderes de clarividencia derivados de la misteriosa religión popular del vudú, una vez parecía estar agonizando de diabetes y un infarto, durante semanas, y sólo se levantó para destruir al primero de sus cómplices que conspiró contra el. Su red de información y comando es tan personal que durante años le pagó a la esposa de uno de los oficiales asesinados 500 dólares mensuales y le telefoneaba diariamente para preguntarle acerca de las actividades de su marido. Los corredores del Palacio y las antesalas están repletos de otros informadores: conductores de taxi, sirvientas, hechiceros del vudú, soldados y vendedores ambulantes. Casi toda la correspondencia que llega al Palacio es leída personalmente por el dictador. La profundidad e intensidad de la actividad presidencial hace que la mayoría de los cargos ministeriales sean superfluos; el ejercicio del poder tan personal y completo es un trabajo de todo el día y toda la noche, que deja muy poco tiempo para la pasión o para cualquier otra cosa.

Los arruinados campesinos llegan a la ciudad tres o cuatro veces al año, en destartalados camiones y autobuses rurales, para aclamar al dictador en uno de sus aniversarios. En esa ocasiones “Papá Doc” sale al pórtico del Palacio, bajo fuerte custodia, para aceptar sus buenos deseos. Los campesinos son custodiados por los tonton-macoutes, con su característico uniforme de blue-jeens y pañuelo rojo y armados con viejos rifles. El paseo dura hasta avanzada la noche, cuando los campesinos son conducidos a las escuelas cuyas aulas, vacías de muebles, les sirven de lecho. Toda la noche los visitantes se apiñan en los patios, duermen muy poco, y al compás de tambores rudimentarios y flautas de bambú se dedican a procesiones estáticas muy parecidas a las danzas tribales africanas. La música y la danza continúan al día siguiente ahogando casi el discurso de Duvalier, dicho en creole y en francés.

Esta es la trágica constante de la vida haitiana: a lo largo de los últimos 150 años ha venido a convertirse en el más evidente modelo del desastre político y económico resultante de una revolución social. La regresión fue precipitada por la sangrienta revuelta de 480.000 esclavos africanos que se declararon nación en 1804 después de una lucha triple entre blancos, negros y mulatos, que destruyó a la más rica de las colonias francesas. La mayor parte de las otrora ricas plantaciones se han convertido en virtuales desiertos; la división ininterrumpida de las plantaciones para transformarlas en pequeños lotes que apenas si permiten una magra subsistencia debido, fundamentalmente, al mantenimiento de las costumbres, leyendas y técnicas agrícolas traídas del Africa, ha producido una escena de colinas áridas, desnudas, ríos secos y árboles caídos. Los recursos naturales del país han sido sacrificados a las necesidades de una agricultura neolítica y a la producción carbonera de los campesinos. Durante más de un siglo, la vida nacional fue reducida a un nivel casi tribal, mientras una sucesión ininterrumpida de generales negros con sus ejércitos alquilados asaltaban una y otra vez a Port-au-Prince desde el Norte. El ingreso per cápita había alcanzado en 1962 la milagrosa cifra de 72 dólares, sólo para descender hasta 63 dólares en los tres años siguientes como resultado de la introducción de sustitutos sintéticos en el mercado mundial de sisal y del descenso pronunciado de los ingresos producidos por la exportación de café. Sin embargo, estas estadísticas tienen muy poca importancia salvo para los comerciantes y políticos, puesto que los campesinos haitianos (90% de su población de 5 millones) son casi totalmente analfabetos y se encuentran prácticamente fuera de la economía monetaria. No obstante, la lucha contra la esclavitud y el monocultivo han dotado al campesino haitiano, tal como sucedía con las bandas armadas de esclavos fugitivos que acechaban a los plantadores franceses en tiempos de la colonia, de un individualismo y una presencia física que es muy rara entre los habitantes rurales de este hemisferio. Estas fuertes tradiciones campesinas, combinadas con la limitada expansión económica de la capital, han reducido dramáticamente la migración rural hacia Port-au-Prince; sin embargo, este control está siendo eliminado por la proliferación de campesinos sin tierra a dónde ir. En los últimos cinco años, con mucha frecuencia, puede verse a miles de negros durmiendo en las aceras del sector comercial central de Port-au-Prince y en el Puerto de La Salme, que cumple el triple papel de arrabal, mercado y portal de entrada del campesino en la economía nacional.

Estos procesos, naturalmente, limitan las implicaciones de las convulsiones políticas que afectan a “Papá Doc” y a los pocos miles de personas que lo rodean. Los intelectuales haitianos, sin embargo, mantienen la esperanza de un gobierno bueno y estable que les permita, de alguna manera, salir de la esclavitud, por primera vez en la historia de Haití. Pero la tarea inmediata, muy grande por cierto, es la de restaurar suficientemente los elementos fundamentales de la vida cívica para permitir el regreso de muchos de los miles de profesionales haitianos que actualmente se ven forzados a vivir en Europa, Africa y los Estados Unidos, y  para detener la regresión del país hacia una economía primitiva y un total aislamiento internacional.

Las más graves crisis políticas de Haití en este siglo se han derivado, en forma muy curiosa, de la violación de embajadas extranjeras para rescatar refugiados políticos. La causa inmediata de la intervención de la infantería de marina norteamericana en 1915 fue la invasión de la legación francesa por una banda de mulatos enfurecidos, quienes capturaron y despedazaron al Presidente Guillaume Sam, quien había ordenado el asesinato de 168 prisioneros políticos antes de huir del Palacio. La última de estas crisis se produjo en 1963, año en el cual se suspendió toda la ayuda norteamericana, cuando bandas de tonton-macoutes amenazaron a las embajadas latinoamericanas donde se encontraban asilados varios oficiales del ejército. El portaviones norteamericano “Boxer”, conduciendo una fuerza de desembarco de la infantería de marina, fondeó aguas afuera de Port-au-Prince y Duvalier logró salirse una vez más de la suerte haciendo reservaciones aéreas hacia el exterior para él y su familia y esperando después que se calmaran las cosas desde su Palacio. Ante el continuo aumento de los refugiados políticos alojados en las embajadas latinoamericanas es posible prever que una nueva crisis surja a corto plazo. De acuerdo con los términos del tratado vigente, Haití debe esperar un año antes de negarse a otorgar salvoconducto a los asilados ribliticos; en la práctica, aquéllos que ya se encuentran en las embajadas probablemente se verán obligados a esperar un año antes de que se les permita dejar el país, aunque sea solamente para evitar que otros haitianos tomen su lugar. Puesto que el asilo diplomático es uno de los pocos escapes posibles  para los políticos y sus familias cuando se ven, de pronto, en peligro, este hecho puede originar nuevas tensiones.

A partir de la suspensión de la ayuda norteamericana el Haití oficial se ha visto sometido a una creciente penuria economica. La política norteamericana, después de la muerte del Presidente Kennedy, ha sido la de hacer todo lo posible para evitar el florecimiento económico del régimen a la vez que se protegen los pequeñísimos intereses privados norteamericanos en el país (la compañía eléctrica, una central azucarera y algunas minas) y evitando todo lo que pueda provocar un colapso total del orden interno que pudiera requerir otra intervención militar. A través del Fondo Monetario Internacional, los Estados Unidos suministran cerca de 2 millones de dólares anuales para evitar que la gourde (moneda nacional) se desplome. En el curso de este año Haití debe recibir un regalo de 2,5 millones de dólares de acuerdo al nuevo programa de fondo de pagos compensatorios automáticos a los países subdesarrollados cuando se producen descensos en los precios de los bienes exportados. Sin embargo, esto ha sido nulificado bajo la presión norteamericana, por la eliminación de la ayuda regular del Fondo, debido a que Duvalier no ha sido capaz de cumplir con las condiciones del convenio que había firmado. Aparte de esto, el Departamento de Estado se reduce a ponerle alfileres a la imagen de Duvalier al patrocinar programas en Patois de los exilados originados en Nueva York a las 6 de la mañana de todos los días (estos programas han llegado a ser conocidos como la misa de 6). Las emisiones generalmente dan cuenta sorprendentemente exacta de los acontecimientos terribles de Palacio.

 La escasez de dinero ha estimulado a “Papá Doc” a una desesperada búsqueda de efectivo que ha aumentado las tensiones políticas. Acaba de destituir a su Embajador en Santo Domingo, Robert Theard, por una pugna sobre las comisiones que se obtendrían del envío de 20.000 cortadores de caña a la República Dominicana, de acuerdo a un convenio de trabajadores migratorios firmado en diciembre pasado. Uno de los que han desaparecido es Clemard Joseph Charles, el banquero personal y consejero financiero de Duvalier, que había recibido varios monopolios importantes (el seguro obligatorio de automóviles y ancianos y el control de las operaciones portuarias) como recompensa por haber contrabandeado dos aviones de caza T-28 desde los Estados Unidos hasta Haití para ayudar a aplastar una invasión guerrillera en 1964  (el comandante de la campaña antiguerrillera, Mayor Sonny Borges, fue liquidado también el 8 de junio). A partir de su desaparición, los negocios de Charles han sido cerrados y se le ha retirado como Presidente de la Cámara de Comercio de Haití. Se produjo un retiro masivo de efectivo del Banco Comercial de Haití, propiedad nominal de Charles como testaferro de Duvalier, y ante esta situación el Banco Nacional de Haití intervino rápidamente para asumir el control. La caída de Charles es de importancia especial debido a su papel como principal cajero del régimen, ya que su Banco era el depositario de 6 millones de dólares de fondos impositivos especiales provenientes de la Régie du Tabac y que no estaban asignados (la Régie du Tabac es el organismo fiscal que financia la maquinaria política de Duvalier). El eclipsado banquero, se informa, se encuentra encarcelado con su esposa en una fortaleza militar, mientras se estudian sus cuentas y él firma cheques personales para repatriar fondos que había transferido a Bancos europeos y norteamericanos.

Esta misteriosa serie de altibajos resulta incomprensible salvo que se acepte la explicación de alteraciones del campo magnético que rodea a este anciano, brutal, solitario y cruel, que parece gobernar para siempre en una tierra ayuna de instituciones. Las malas noticias que vienen del Palacio muestran, sin embargo, que no todo está bajo control. Cuando llegue el fin para “Papá Doc”, es muy probable que llegue tan brutal y rápidamente como los golpes que lo han mantenido hasta ahora en el poder. 

 

 

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